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Tras graduarse en Madrid, el joven diseñador decidió lanzarse a la aventura con su marca homónima, Peter Sposito 1991. Sus reflexiones son la base de sus creaciones, aborrece la monotonía, y manipula lo cotidiano para darle nuevas formas con las que sorprender. Afirma que hace lo que hace para agradarse a sí mismo, aunque el mensaje tras sus colecciones acostumbra a ser de humanidad, empatía y proximidad con los demás pero, sobre todo, de aceptación. Hablamos con él sobre la imperfección de las personas y del sistema, de sentimientos y de sus futuros retos creativos.
Te mueves entre el arte y la moda, “utilizándola como disciplina y no como premisa”, tal como afirmas en tu web. ¿Cómo te definirías como artista? ¿Qué es lo que te mueve?
Supongo que se debe al hecho de que no pretendo otra cosa que agradarme a mí mismo, es decir, que el resultado final sea satisfactorio para mí, así como expresar incertidumbres, misterios, o los golpes de la vida de forma creativa. Quiero darle algún sentido a todo esto y expulsarlo. Me dejo llevar demasiado por la antropología y creo que todos estamos seguros sobre la relación obra-artista que existe en cualquier forma o expresión artística, que los que hace que tenga sentido.
Por ello estudié la historia de la moda y su evolución en la colección Consumación; y también por eso exploré, en la colección Human, cómo los seres humanos nos llevamos golpes que dejan marca y el cómo descubrimos ser un proyecto inacabado a pesar de intentar perfeccionarnos a nosotros mismos por imposición. Creo que los sentimientos propios generan y aportan valor a lo que uno hace. 
¿Cuáles son las referencias artísticas y/o inspiraciones para tus colecciones?
En cuanto a moda serían la rebeldía y la dramática mente de Alexander McQueen, la visión espacial para los patrones de Yohji Yamamoto, y el sentido o entendimiento del significado de ‘moda’ de Martin Margiela. En cuanto a arte siempre varía según el tema, e intento investigar y conocer cómo otros artistas lo han interpretado. Tanto en colores, formas, performances o instalaciones.
Empezaste estudiando Diseño de Moda en Burgos y, finalmente, decidiste terminarlo y presentar tu primera colección –titulada Consumación– en Madrid. ¿Qué te hizo cambiar y dirigirte a la capital?
Me sentía muy encerrado. Necesitaba conocer más, tener más visión, experimentar el individualismo que solo una gran ciudad te ofrece. Hago un símil con las plantas: cuanto mayor sea la maceta donde están, más crecerán. Yo sentía algo así. Estaba bloqueado emocionalmente y justo en esa transición estuve en Londres durante tres meses y medio, lo que fue la explosión que necesitaba para conocerme a mí mismo un poco mejor y valorarme más.

Vemos que en tu trabajo sigues la geometría no euclidiana y la manipulación de las ideas, al igual que el deconstructivismo. ¿Por qué esta forma de representación en tus colecciones?
Me parece muy aburrida la forma natural de lo estético, lo que se considera ‘predeterminado’ de forma automática. Lo que nos crea interés es todo aquello a lo que se le ha dado otra vuelta, ha generado formas nuevas. Eso para mí implica salir de mi zona de confort, explotarme, y estudiar nuevas apariencias y manipulaciones de lo cotidiano. Nunca me doy por satisfecho al 100%, y esto es lo que me empuja a nuevos proyectos, a reinventarme.
Dices que nadie es perfecto y que la imperfección es lo que nos hace humanos y únicos. ¿Es eso lo que representas en tus colecciones? ¿Cómo lo podemos ver reflejado en tu trabajo?
Aunque en mi trabajo me gusta reflejar cierto aire histórico, idílico y romántico con una nota dramática, también me gusta llevarlo al ambiente callejero. Las redes sociales y los medios de comunicación nos enseñan incesantemente a personas que presumen de no tener imperfecciones, todo está lleno de filtros. Pero mucha parte de la culpa es nuestra por elevar a esas personas a la categoría de dioses y olvidarnos de que son seres humanos como todos nosotros, aunque les admiremos como artistas o intérpretes. Por eso me gusta llevar mi trabajo a la calle de alguna forma –a la gente común, a los que tropezamos, erramos y nos caemos. Somos perfectos dentro de nuestras imperfecciones, y eso nos hace más humanos.
Con Consumación cerraste una etapa de tu vida y abriste otra. ¿Qué capitulo dejaste atrás, y cuál empezabas? ¿Cómo lo representaste en ella, además de en el nombre?
Fue mi proyecto final de carrera, así que dejé atrás mi formación. Era el momento de la verdad, ese por el que todos pasamos cuando terminamos de estudiar y nos planteamos, “¿Y ahora qué?” El punto de partida o en lo que me basé fue la filosofía del historicismo, que afirma que todos somos lo que somos por algún devenir histórico. Al igual que en moda: vestimos de esta forma y existen estas tendencias por algo ocurrido en los últimos años, y lo modificamos para adaptarlo el presente.

La presentación fue en el Matadero de Madrid. ¿Cómo te sentiste en tu primera demostración al público? ¿Cómo fueron las reacciones? ¿Las esperabas así?
Sinceramente no me esperaba nada de eso. Fue como una oportunidad para reinterpretar la colección y darle una vuelta más. Re-hice los looks, los reforcé con complementos hechos solamente para el momento, y fue un acierto el volver a trabajar en ello, madurar la idea. A la gente le encantó, me empezaron a escribir para pedirme ropa o simplemente para felicitarme. Fue ese momento que todo creativo necesita en algún momento. Ese ánimo, esa palmadita en la espalda cuando piensas "Hey, sigue así. Sigue trabajando". Fue una oportunidad que sientes que tienes que aprovechar. Me dio impulso emocional para seguir.
¿Qué hay de Laboratory 17/18? Representas el vestir de los humanos, sin enmarcarlos en una identidad de género, un tema que ya lleva dos o tres años en auge. ¿En qué se diferencia tu aportación a las que ya se han hecho hasta ahora? De hecho, el planteamiento es sin género pero solo hay una modelo femenina. ¿A qué se debe?
Realmente no tenía ninguna intención de que se clasificara así. Simplemente hablo de la idea de ‘los humanos’, con un corazón que a veces duele y unas cicatrices que aun no han cicatrizado. Quería mostrar una segunda piel. El mensaje es “no te escondas y no pretendas ser tan fuerte”: por eso el "vísteme como un ser humano". Todos tenemos miedos, días buenos y malos, y nos herimos. Es como un reclamo a la aceptación de la imperfección humana.
El que la modelo sea una chica es porque las mujeres me parecen una fuente de inspiración como el género más fuerte, el que más ha luchado, y al que la historia no ha tenido en cuenta. Son mis principales musas. Aunque sí es verdad que cuatro de las cinco prendas pueden servir igual para hombre que para mujer. Siempre diseño para ellas, pero muchas de las piezas las pienso como si se las pudiera poner un hombre, no sé si me explico. Hasta yo mismo me las pongo de vez en cuando. Pero no fue por generar la etiqueta de #nogender sin más –aunque la defiendo sin dudar (la idea, no la etiqueta).
Como diseñador novel, ¿qué crees que le hace falta a España o debería de tener para potenciar más el sector creativo?
Cuando miro el resto de semanas de la moda del mundo, me llama la atención la poca pretensión de la gente; es como si todo lo hicieran de forma natural, por el gusto por lo estético y lo bello, centrándose en el trabajo. ¡Y son brutales! Per tengo la sensación de que aquí tenemos más en cuenta lo excéntrico, el maquillar la idea. Siento que con esto perdemos el rumbo y no nos centramos en ser objetivos, sino que adornamos y ya está.

En tu web afirmas que “la marca no se centra en una comercialización mainstream, si no el crear una forma de expresión artística”. Con esta filosofía, que nos parece muy valiente y arriesgada, ¿puedes vivir de la moda? ¿O al menos de tu marca?
Sí que pretendo vivir de ello, pero lo que no quiero –de alguna forma– es que llegue a convertirme en una marca con una producción de millones de unidades. Quiero que sea para gente que cree en mi filosofía, que comparte gustos estéticos; que mi ropa no sirva para ‘vestir por vestir’. La moda me llena demasiado emocionalmente y como persona, me hace explorar y ordenar mi cabeza. Esta filosofía es por ‘amor al arte’ y sé que es arriesgada –lo he ido sufriendo durante estos tres años–, pero no quiero banalizarla.
Sabemos que además de tu talento como diseñador, también ejerces como estilista en colaboraciones. ¿Te gustaría seguir por ambas líneas? ¿Con cuál te sientes más Peter Sposito?
El hacer solo mi trabajo ya es como encerrarme en mi mundo. Me gusta hacer de estilista de vez en cuando para jugar con la creatividad, crecer como creativo, indagar y tantear con otros profesionales su visión de belleza y lo que es estético. Generar una macedonia de ideas con varias personas me da mucha vida, ya que aprendes muchísimo, absorbes información, criterios y puntos de vista.
Cuéntanos que tienes entre manos, ¿cuándo podremos ver tu próximo proyecto
Pues estoy con el lanzamiento de Laboratory 17/18 –espero que sea muy pronto–, que es la colección realmente hecha para la venta. Y una vez lo tenga, seguiré con la siguiente. Ya tengo toda la idea organizada y la inspiración muy clara, hasta he hecho muchos bocetos. Pero prefiero centrar toda la energía en Laboratory 17/18 para que cuando salga esté todo perfecto y así poder tener mi cabeza plena con la siguiente colección.

Texto
Laura Nistal
Retrato
Eva San-Juan

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