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Hace un siglo, las mismas paredes y el mismo suelo acogían a diario las frenéticas mentes de algunos de los principales periodistas de la capital. Hoy el propio espacio es noticia, además de su propuesta gastronómica ágil e innovadora. Y cada día que pasa incrementa su estatus de place to be. Laura Suárez González de Araújo, una de las socias, nos invita a conocer su concept store con un restaurante en medio; su refugio cosmopolita, su pasión y motivo de orgullo. El Imparcial es uno de los más recientes placeres de Madrid, tan irresistible que peligrosamente se podría convertir en una costumbre cotidiana.

¿Cuándo empezó el sueño de hacer renacer El Imparcial en un nuevo formato?

Comenzó en mayo de 2014, cuando reparamos en el local y se nos ocurrió la idea de hacer un espacio múltiple que incluyera un restaurante, una concept store y un programa de actividades culturales.

¿Qué significa para vosotros trabajar en un local arquitectónicamente tan emblemático y con tanta historia?

Una enorme ilusión y una gran responsabilidad. Por ambos motivos decidimos confiar el proyecto y el interiorismo a dos estudios de nuestra confianza: Plantea y Madrid in Love. Como dato curioso, cuando descubrimos que debajo de la tarima que nos encontramos al llegar había un magnífico suelo de madera espigada, empezamos a bailar como locos imaginándonos a Ortega, Maetzu y demás desfilando por ahí hace un siglo.

¿Creen que el espirito del periódico El Imparcial sigue viviendo entre las paredes?

El espíritu espero que no, que nos daría un poco de no se qué (risas). Lo que probablemente hay en común es una vocación por hacer las cosas bien que afecta tanto a la parte del restaurante como a la tienda y a las actividades culturales que organizamos.

Desde el desayuno hasta la última hora de la noche, ¿qué tipo de hambrientos llegan aquí?

Eso es una de las cosas más bonitas que pasan en El Imparcial, que vienen personas de todo tipo, sin un único patrón. El barrio, que ha sido una fuerte apuesta para nosotros, es en sí mismo un territorio de mezcolanza humana maravilloso.

Y de las mejores patatas bravas al gusto por la ecofood. ¿Cómo definiríais vuestra carta? ¿Humilde y consciente?

Es una carta hecha con mucho cariño que pretende que una experiencia creativa y diversa para el paladar no implique un hachazo al monedero. ¡Hemos visto a personas emocionarse con nuestro tartar de atún o nuestro falso rissotto con trufa!

¿Cómo hacéis la selección de los productos a la venta en la concept store? ¿Cuáles son los criterios y las necesidades?

Pues la hacemos también con mucho cariño. Estamos permanentemente pendientes de las novedades editoriales que aparecen a nivel nacional e internacional, tanto con libros de arte contemporáneo, fotografía y diseño como con las revistas. Uno de nuestros objetivos era crear un revistero múltiple y de calidad en Madrid, que entendíamos que era una gran ausencia en la ciudad. ¡Estábamos cansados de viajar a París y volver con sobrepeso de revistas de moda en la maleta! Nos encanta ver que cada vez más gente viene a tiro fijo a la tienda a comprar este tipo de publicaciones. Para los objetos, viajamos a algunas ferias internacionales y estamos muy al loro de la actividad de jóvenes creativos de Madrid. Siempre decimos que casi todo lo que tenemos son objetos innecesarios para la vida que sin embargo la hacen más pintona.

Actividades, talleres, conferencias... ¿Cómo os planteáis la agenda cultural del espacio?

Se plantea de varias maneras. Hacemos convocatorias abiertas para las exposiciones; tenemos el formato Carta Blanca (en el que invitamos a un artista que nos gusta a intervenir todo el espacio: ahora mismo está una magnífica instalación en la escalera y un repertorio de piezas colgantes de Fernando Ochotorena); buscamos una línea de trabajo creativo que nos guste (autoedición, ilustración contemporánea) e invitamos a artistas de la ciudad a que participen; y, sobre todo, estamos abiertos a que nos hagan propuestas originales que puedan encajar en alguno de los espacios. A lo largo de 2016 estaremos preparando cosas súper chulas y más arriesgadas, como una obra de teatro efímera e integrada en uno de los espacios.

Es con humor que se presentan en las redes sociales. ¿Qué importancia tiene este rápido medio de comunicación para vosotros?

Desde luego es importante, pero sin obsesiones. El humor es un rasgo esencial de todo nuestro equipo, por lo que queremos que nuestra comunicación sea tan eficaz como divertida.

¿Y cuándo y en qué tipo de circunstancias El Imparcial deja de ser imparcial?

Deja de ser imparcial en el momento en el que cualquier persona, con sus gustos y su singularidad, se sienta en una de nuestras mesas y visita nuestra tienda.

En vuestra perspectiva, El Imparcial es perfecto para…

Para tres cosas: una, para desayunar y trabajar con el ordenador en un ambiente bonito y tranquilo por las mañanas. ¡La luz que entra a primera hora es un chute! Dos, es un lugar perfecto para picar, beber una copa y pasar un rato divertido e íntimo con amigos. Y tres, es también ideal para descubrir publicaciones interesantes y para dejarse tentar por algunos de nuestros oscuros objetos de deseo.

Texto
Mariana Viseu
Fotos
Lucia M

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