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Dicen que el feminismo está ganando popularidad en los últimos años pero, ¿estamos preparados para ello? La respuesta la podemos encontrar en No es país para coños, un ensayo sobre la lucha femenina escrito por Diana López Varela, escritora y periodista gallega, que nos invita a sacudir nuestras dudas acerca de lo que es y lo que significa el feminismo. 
Empecemos por el principio. En el libro explicas el momento justo en el que te diste cuenta de que eras feminista: el año 2013, con la ley del aborto de Alberto Ruiz-Gallardón. ¿Crees que anteriormente y sin darte cuenta ya lo eras?
Sí, seguramente ya lo era. Lo que pasa que no tenía conciencia feminista y, al no tenerla, tampoco veía muchas de las cosas que veo ahora, ni la responsabilidad política que implica defender abiertamente el feminismo.
Antes de ser un libro, No es país para coños fue una obra de teatro que escribiste y dirigiste. ¿Qué diferencias existen entre la obra y el libro?
Son dos productos diferentes que tienen dos cosas en común: están escritos y pensados por mí y la intención de ambos es visibilizar sin tabús los problemas actuales de las mujeres en España. En cuanto a la obra, se trata de una historia de ficción cuya trama principal es la relación entre tres mujeres muy diferentes que coinciden en la sala de espera del ginecólogo. Una comedia loca con tres mujeres en la treintena que no dejan de largar sobre el sexo, el embarazo, los picores genitales y las relaciones con el sexo opuesto. El libro no tiene nada de ficción. Es un ensayo repleto de datos estadísticos sobre la situación de la mujer en España, en diferentes ámbitos, mezclado con historias personales y cercanas, en tono de comedia. 
Guionista, bloguera, columnista y ahora escritora. ¿Cómo surgió la idea de escribir un libro?
La idea fue de Toni García Ramón, amigo y magnífico periodista. Hace más de un año, paseando una tarde por Barcelona cerca de la editorial Planeta me dijo que debería presentarles una propuesta de un libro cachondo sobre feminismo. Le dije que estaba loco. Pero él se puso en contacto con los editores y yo mandé mi propuesta. Al cabo de unas semanas, estaba sentada en un despacho con Ana y Ramón, mis editores. Me preguntaron si tenía tiempo para escribir un libro y obviamente mentí, porque no todos los días una puede publicar con Península.
Tu libro me ha parecido una forma de reivindicar la necesidad del feminismo en España pero también un acto de liberación. ¿Es así?
Uy, por supuesto. Mi libro, como muchas de las cosas que escribo en mis columnas, surge de la mala hostia que genera tener que hacer un sobreesfuerzo constante para trabajar, divertirse, follar y amar esquivando las barreras de género. Y además, la psicóloga me cobra. 
Actualmente encontramos autoras, actrices, cantantes que defienden la lucha de la mujer para conseguir igualdad, Chimamanda Ngozi Adiche o Lena Dunham, sin ir más lejos. ¿Quiénes son tus referentes?
El libro de Chimamanda We should all be feminists y el de Caitlin Moran fue de lo primero que leí antes de empezar a escribir el mío. Ambos me los regaló Toni. Después me regaló el de Rebecca Solnit Men Explain Things to me gracias al que aprendí el maravilloso concepto de ‘mansplainning’ o cómo los hombres te explican cosas. A Toni, además del contacto con la editorial, le debo gran parte de esa primera cultura feminista contemporánea que adquirí hace un par de años. Y es de bien nacidas ser agradecidas. Yo ya estaba enganchada a Girls y después leí el de Lena Dunham que tuve que aparcar a mitad porque yo estaba escribiendo el mío y es casi inevitable acabar copiando cosas. 
Vamos, podemos decir que la literatura feminista te ha servido de inspiración.
Por supuesto. Leí también autoras clásicas, a Simone de Beauvoir, Kate Millet, y a Marcela Lagarde, a la que sigo y admiro como un referente indiscutible. Después me hice con un libro fascinante Las mujeres que aman demasiado de Robin Norwood, que habla de uno de los mayores problemas de las mujeres, la adicción al amor y la relación con la dependencia emocional y los malos tratos. Ahora estoy empezando con Lucia Berlin y Carole Maso. A la espera de leerme Solterona y Malas Madres. Enganchada a los videos de Malena Pichot y de Isa Peces-Barba. Es que hay mucha zorra brillante por ahí suelta. Sin duda, es lo mejor de la globalización. Morirse de envidia por el talento ajeno. ¿Te dije ya que la envidia es una de las principales características de las mujeres junto con la histeria y el instinto maternal?

“Mi libro, como muchas de las cosas que escribo en mis columnas, surge de la mala hostia que genera tener que hacer un sobresfuerzo constante para trabajar, divertirse, follar y amar esquivando las barreras de género.”
Tu blog se llama Suspenso en religión y en No es país para coños haces referencia a la religión varias veces. De hecho España es un país en el que la religión está todavía muy presente…
España es un país de tradición católica cuya mayoría de población joven no es practicante y no va a misa casi nunca. Aún así, deciden seguir bautizando a sus hijos y casándose por la Iglesia en un claro ejercicio de coherencia patriótica. Yo no entiendo a España y España tampoco me entiende a mí. Siempre relaciono el machismo con la Iglesia Católica porque el respeto de la institución a la igualdad entre hombres y mujeres, es más bien justito. La Iglesia ha intentando maquillar sus vicios, pero el hecho es que según la Biblia la mujer es la gran responsable del pecado universal (y por tanto de Donald Trump) y su función básica es estar al servicio del hombre, ser madre y esposa. Incluso diría que puta.
Seguro que algunos cristianos se habrán molestado contigo...
Los cristianos modernos se enfadan conmigo y me dicen que todo eso es Viejo Testamento, y que el Nuevo Testamento es muy progre y está lleno de valores universales (algunos tiene), pero entonces una lee la Primera Carta de San Pablo y se queda un tanto desconcertada: “Haz que las mujeres aprendan en el silencio y la completa sumisión. No permito a ninguna mujer que enseñe o tenga autoridad sobre un hombre; ella debe permanecer en silencio. Pues Adán se formó antes que Eva y no fue engañado y burlado, pero la mujer sí lo fue, quebrantando de este modo la ley”. La Biblia está llena de pasajes machistas y yo cito unos cuantos en el libro. Y ni siquiera el moderno Papa Francisco se plantea a día de hoy permitir la entrada de las mujeres en la jerarquía eclesiástica. ¿Qué pensarías tú si en tu empresa sólo pudieses aspirar a colocarle las flores en la mesa al jefe mientras le chupas la polla y le cuidas a los niños? Pues eso pienso yo de la Iglesia Católica como institución que, además, recibe dinero del Estado mientras se privatizan servicios públicos. 
En el libro tienes muy presente el humor. Esto sirve para desmitificar el mito de que las feministas están de mal humor y no saben divertirse…
Yo siempre estoy cabreada pero de buen humor. Será que soy gallega. Y el feminismo gallego y el pulpo gallego son lo mejor. 
Entre las nuevas generaciones sí que existe un cierto acercamiento al movimiento. ¿Están los jóvenes más preparados para comprenderlo?
Por supuesto. Ojalá yo tuviese con 15 años el acceso a toda la cultura feminista que tenemos ahora. Otra cosa es que quieran involucrarse y hacer algo por mejorar el mundo que les toca vivir. La responsabilidad ahora está en las personas de mi generación que tenemos que hacer del feminismo y otros movimientos sociales algo atractivo y necesario para las nuevas generaciones.
Cuentas que al principio sentías atracción por comprender lo que era el feminismo pero que también te asustaba porque no sabías bien lo que significaba, quizá a mucha gente le suceda lo mismo…
Sí, pero en los últimos 5 años ha habido semejante explosión de cultura popular feminista que cualquier persona que tenga un mínimo interés hacia la igualdad entre hombres y mujeres y los derechos humanos en general, encontrará la suficiente información para enamorarse del feminismo.

“La responsabilidad ahora está en las personas de mi generación que tenemos que hacer del feminismo y otros movimientos sociales algo atractivo y necesario para las nuevas generaciones.” 
En el capítulo Treinta años y soltera explicas algunas de las estupideces que has hecho por tus ex parejas. 
Estas experiencias me ayudaron a crecer como persona, a madurar en mis relaciones de pareja y a cultivar la auto dependencia y auto amor. En el libro digo claramente que fui una puta emocional y, precisamente por eso, mi amor ya no se compra con promesas románticas ni la perspectiva de una casa con jardín y tres preciosos hijos rubios. Hay que tener la suficiente honestidad para asumir que la soltería no siempre es un estado deseable, pero sí necesario. Y yo lo viví durante dos años colgada de mi ex y en camas revueltas que olían a sábado noche. Cuando no estaba llorando me lo pasaba de puta madre.
Internet o la puerta abierta del manicomio. Un capítulo en el que hablas de los problemas que las mujeres pueden encontrarse por las redes. No hay duda de que Internet puede ayudar a difundir ideales de igualdad pero también se ha convertido en caldo de cultivo de la misoginia. De hecho, hace unos años censuraron tu blog por escribir Mi Coño, a raíz de la fallida ley del aborto de Gallardón. ¿Por qué la red se ha transformado en un arma de doble filo?
Pues porque los seres humanos somos unos cobardes. Los locos de Internet son los mismos locos de la calle, lo que ocurre es que la posibilidad de parapetarse detrás de una pantalla anchea los pantalones de muchos tipejos mediocres y llenos de complejos, cuya principal satisfacción vital es decir barbaridades, amenazar y enseñar su fea polla a quién no la quiere ver. Muchas mujeres, sobre todo jóvenes, se asustan y caen en la trampa de dejarse chantajear por miedo y un exacerbado sentido de la culpabilidad. Yo siempre digo lo mismo: la red está llena de fotos de tetas y coños, pero muy vacía de nombres y apellidos de delincuentes. Hay que denunciar y hay que darle la vuelta a la tortilla, porque vergüenza tienen que tener los que acosan y usan la porno venganza. Y todos tenemos que saber quiénes son.
La regla es uno de los temas que la sociedad considera tabú. En el libro también nos hablas de ello. ¿Por qué crees que se tiene tanto pudor a la hora de hablar sobre esto? Y lo que es más llamativo, ¿por qué muchos hombres lo consideran como algo anormal o asqueroso cuando es algo propio de la naturaleza? 
Más que pudor yo creo que es asco. Les resulta completamente ajeno porque las mujeres con la regla a veces no nos dejamos ni tocar porque nosotras mismas nos sentimos avergonzadas y sucias con la sangre. La regla forma parte de la vida de casi todas las mujeres en edad fértil y muchos –y muchas– no saben ni qué mecanismos la producen, por qué nos duele o hasta dónde debería dolernos. Muchas mujeres pasan años de sus vidas con dolores que les impiden hacer vida normal y con diagnósticos tardíos de endometriosis, otras rinden menos en el trabajo y no se pueden quejar porque la regla es una cosita de chicas. Los tratamientos hormonales se venden como aspirinas y los métodos de contención tradicionales maltratan nuestra propia biología y contribuyen a crear infecciones. Si la regla la tuviesen los hombres, estos temas, tan importantes, estarían completamente normalizados. Y mira, yo no voy a salir en fotos con la sangre de la menstruación saliéndome de las entrañas, pero un poquito de didáctica en torno a un tema que impregna la vida de la mitad de la población es básica.
Ciertas personas utilizan la palabra ‘feminista’ como un insulto. ¿Eso es falta de educación?
Eso es falta de cerebro. 
En los últimos años se ha empezado a utilizar el concepto ‘micromachismo’, con el que no estás de acuerdo, ¿por qué?
No soy fanática del concepto porque el prefijo ‘micro’ resta importancia, amortigua, empequeñece el sustantivo. Se ha puesto de moda y obviamente sirve para reconocer todas esas actitudes machistas y sexistas cotidianas. Pero no olvidemos que por encima de lo micro está lo macro y que todo es machismo, y que todo contribuye a la violencia contra la mujer.
En el libro das a entender que ninguna generación será feliz mientras unos tengan que demostrar su valor y fuerza para triunfar, mientras otras se vean obligadas a disimular todo lo que son capaces. ¿Llegará el día en que esto cambie o es una utopía?
Llevo una temporada muy optimista, pero hace unos días me desperté viendo que Trump, un tipo machista, misógino, homófobo y racista había ganado las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Alberto Ruiz-Gallardón nos demostró que no hay derechos eternos. El camino es largo, pero lo estamos construyendo cada día. Las mujeres tenemos la obligación moral y la responsabilidad histórica de no volver a permanecer dormidas a la sombra del hombre mientras hacen con el mundo lo que les da la gana. Tenemos que pegar patadas hasta romper los techos de cristal en la casa, en el trabajo y, por supuesto, en la política.
Afirmas que el feminismo es una forma de acercarse a la felicidad pero, siendo sinceros, todavía queda mucho por hacer…
Después de Donald Trump, viene Lisa Simpson.


Texto
Lluís Giménez
Retrato
Xavi Torres-Bacchetta

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