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Hace unos meses METAL celebró su décimo aniversario en el Hotel Brummell. Este hotel boutique nos atrapó desde el primer momento, y sin duda fue el espacio perfecto para un evento tan especial. Hoy, Christian, su propietario, nos recibe en el patio con una gran sonrisa para explicarnos qué le ha traído hasta aquí. Este hotel, en el que ha volcado su vida, fue la culminación de toda una trayectoria buscando ambiciosamente un proyecto creativo donde arriesgar, donde volcar todas sus ideas. Esta es la marca Brummell que queda impresa en todas las paredes del hotel: distinción, diseño, personalidad y cuidado. 
El nombre del hotel es siempre una elección especial porque nos dice un poco más acerca de su carácter. ¿Por qué Hotel Brummell?
Fue una propuesta de Crick King, del Federal Café, y uno de los interioristas con los que trabajamos. Cuando me lo propuso pensé que sonaba muy interesante. Me explicó que el nombre hacía referencia a un personaje histórico del siglo XVIII-XIX, Lord Brummell, que podría ser considerado el primer dandy, un hombre muy detallista y muy interesado por la moda. Se dice que necesitaba cinco horas para vestirse y se limpiaba los zapatos con champán. Enseguida lo tuvimos claro, además de gustarnos el nombre nos identificamos con esa referencia al gusto por el detalle y ese punto de vinculación con la moda sin ser demasiado de tendencia.
Hace poco más de un año de vuestra gran apertura. A día de hoy, ¿puedes decir que tienes el hotel que soñabas o que tenías en mente? 
Efectivamente en abril hizo un año de la apertura. Y sí, podría decirse que tengo el hotel que quería casi desde el primer día. Quizás me hubiera gustado tener más habitaciones, porque solo tenemos veinte, pero de esta manera podemos cuidar más a la gente que viene y ofrecerles un buen servicio. Si miro atrás puede que cambiara algunas cosas, pero son cosas tontas, detalles de la decoración, nada importante. En sí llevar el hotel es una experiencia impresionante, un reto diario que nos lleva a seguir puliendo el concepto y la marca de Brummell.

Explícanos, ¿cómo termina un licenciado en económicas de un pueblo de Austria siendo el propietario de un hotel en Barcelona? ¿Cómo llegas a la ciudad?
Llevo 13 años y medio en Barcelona, pero de alguna manera, siempre he estado conectado con la ciudad a través de mi mejor amiga, Verónica Blume. Ella se mudó con su familia aquí cuando teníamos nueve años, no perdimos el contacto y mi familia y yo veníamos a visitarlos a menudo. A los 19 años decidimos quedar unos días en Barcelona. Fue caminar por plaza Catalunya, por el Gótico, por sus calles estrechas, y me enamoré completamente de la ciudad. En este momento me di cuenta que quería vivir en Barcelona y aprender español. Así que en 2003 llegué a Barcelona, hice un curso de tres semanas de español y me fui a buscar trabajo. Conseguí un empleo en una cafetería de Via Laietana, y no podía estar más feliz. Esa época de mi vida en Barcelona fue muy movida, estaba en todos lados: en todos los conciertos, en todos los festivales, en todas las inauguraciones… Desde el principio supe que quería hacer algún proyecto, no había estudiado Económicas para meterme a trabajar en un banco.
¿En qué momento empiezas a sumergirte en tus propios proyectos?
Estuve medio año en esa cafetería hasta que vi que podía manejarme mejor con el idioma. Sabía, además, que quería hacer algo creativo y visual. Para mí era importante hacer un proyecto sólido que me diera de comer, y así empecé con la idea de las postales con mis fotografías de Barcelona, Urbarna, muy inspirado en la fotografía de Martin Parr, fotos espontáneas con un toque de humor. Empecé con algo muy pequeño, pero como no me daba suficiente dinero me propuse hacerlo más grande. Esto significaba expositores mayores y sitios más grandes. Con muchísimo trabajo conseguí tirarlo adelante hasta llegar a vender en ochenta tiendas. El proyecto sigue a día de hoy, con mis fotos, porque era algo que no quería dejar.
¿Cómo llegas de las postales al hotel?
Hubo un momento clave en mi vida: un día saliendo de la oficina vi un cartel de un ático pequeñito en venta en el Born. Tenía 29 años y deseaba mi propia casa, el inicio de la vida adulta. Vi el piso y realmente era un auténtico desastre, pero el potencial era también tremendo: séptima planta y con unas vistas increíbles. Empecé a ver en la terraza mi chiringuito de verano, y la posibilidad de montar una ducha al aire libre, y empecé a fantasear en el proyecto.

Las reformas no te asustan, ¿verdad?
No, de hecho me gustan mucho. Comprar ese piso fue el inicio de todo porque aprendí a arriesgarme en este tipo de proyectos. Sabía que podía perderlo todo, e incluso los arquitectos me dijeron que no lo hiciera, que la estructura era un desastre. Al final, lo compré de todos modos y la encargada de la reforma fue la arquitecta italiana Barbara Apolloni. Nos volvimos locos pero valió la pena, al final salió un proyecto tan divertido que Kirsten Dirksen, una filmmaker que se dedica a hacer vídeos de pequeños apartamentos del mundo, contactó conmigo para mostrar mi apartamento. Y su vídeo resultó ser la bomba: en Youtube tiene ya unos 23 millones de visitas.
¿Y dices que eso fue el principio de todo?
Fue sin duda mi gran salto porque aprendí cómo reformar un piso. Luego empecé a alquilar el piso los fines de semana que estaba fuera a través de Airbnb, cuando aún no era una plataforma muy usada, y a raíz del vídeo de Youtube mucha gente empezó a interesarse por el piso, hasta que decidí mudarme a un piso más grande y alquilarlo a tope. Salió muy bien, y poco a poco amigos míos de Madrid que tenían pisos en Barcelona me ofrecieron llevar el alquiler de sus pisos, hasta que de pronto me encontré gestionando quince apartamentos. Así que no me quedó más remedio que organizarlo todo bien, con un equipo de limpieza, un equipo de booking y check-in, en cierta manera era como llevar un hotel, pero en diferentes localizaciones de la ciudad.
De ahí al Brummell, un paso...
En el año 2013 recibo la llamada de una amiga, me dice que está en Poble Sec viendo un edificio en un localización muy interesante, pegado a Montjuïc, muy soleado, en muy mal estado pero que perfecto para mí. No me lo pensé, cogí la moto y fui a verlo. Lo vi y lo supe: tenía que invertir en él. Empecé inmediatamente a trabajar en un business plan.

Bien ahí por tus estudios de Económicas.
Sí, y lo que saqué en claro al principio es que yo no podía ser el inversor. Era muchísimo dinero. Pero enseguida cambié de opinión. Sucedió que cuando me puse a buscar inversores vi enseguida que el proyecto interesaba mucho y que nadie dudaba en invertir. Empecé a darle vueltas al asunto: era mi proyecto, había que asumir el riesgo. Además, como te decía al principio, no quería terminar trabajando para nadie. Así que llamé a mis padres, les conté la situación. Y lo invertimos todo en este hotel.
¿Cómo viviste todo el proceso de reforma?
Fue una locura. Al final había comprado un terreno con una fachada bonita, y todo lo demás era un auténtico desastre. Tuvimos que hacerlo completamente nuevo. Imma Rábano fue la arquitecta encargada de la reforma. Es muy buena haciendo estructuras, y eso era precisamente lo que necesitaba, alguien que supiera muy bien cómo construir un edificio.
En el hotel se ve muy claro ese gusto por el detalle del que antes hablábamos.
Exacto. Cuando empezamos a trabajar en el interiorismo junto a Crick King, hicimos muchos dibujos de muebles a medida, y seis meses antes de abrir fuimos a Sri Lanka a comprar buena parte del mobiliario. Buscábamos un ambiente de modernismo tropical, como en las construcciones del arquitecto Geoffrey Baba que tanto nos ha influenciado: el uso del patio, el hormigón y la búsqueda de un diseño atemporal y poco ampuloso, sin perder de vista el punto Mediterráneo que queríamos. La verdad es que el equipo de interiorismo, y sobre todo él que es muy minimalista, me ayudaron a combatir esta fiebre Pinterest que tengo, porque me gusta todo y soy muy caótico. Él consiguió esta base de “less is more” que tanto ha aportado al hotel.

¿Qué buscan vuestros clientes al alojarse en el hotel Brummell? ¿Son clientes a los que les preocupa también el detalle?
Totalmente. Viene mucha gente del mundo de la arquitectura, el diseño o el interiorismo, y muchas veces nos piden listas con las marcas del mobiliario y la decoración. En general tenemos un cliente muy heterogéneo, desde gente joven que busca un un hotel trendy hasta gente más mayor, bien viajada, que valora los detalles, el personal sin uniforme que le sirve y que le recomienda sitios dónde ir. También es gente que ya conoce Barcelona y sabe que no hace falta alojarse junto a la plaza Catalunya para disfrutarla. Muchas veces vienen clientes que no salen del hotel, y tú te preguntas cómo es que no quieren pasear por la ciudad, ir a ver la Sagrada Familia... En realidad es precioso, porque ves que es un verdadero viaje de descanso y que disfrutan del hotel. La gente que viene aquí se siente como en casa, muy bien acogida, es un hotel muy confortable pese a su tamaño, con el patio, las terrazas…
El hotel, no obstante, va más allá de ser sólo un lugar de descanso, también ofrecéis otros servicios...
Su situación, por ejemplo, nos permite desarrollar una gran ilusión mía como es el Running Club. Cada martes nos reunimos en el hotel huéspedes y gente local para ir a correr juntos con un entrenador personal por Montjuïc, y terminamos el ejercicio con una sesión de estiramientos de yoga en el estudio The Garage, de mi amiga Verónica Blume. Es una actividad sin coste, tanto para los huéspedes como para la gente del barrio. The Garage es totalmente independiente del hotel, pero al estar lado nos permite ofrecer descuentos a nuestros clientes para que disfruten de sus servicios. Ahora estamos pensando en hacer un Morning Glory, una mañana de yoga solo para los huéspedes. Además, Brummell cuenta con su propia tienda donde vendemos productos que nos gustan o que puedes encontrar en el hotel: ropa de cama hecha a mano en Fez, almohadas, productos de baño, ceniceros de Sri Lanka, mis postales… Todos estos servicios no están enfocados a generar dinero sino a apoyar el concepto y la marca Brummell, porque esta es mi ilusión: que el cliente entienda que Brummell es algo especial y con personalidad.
Dices que en el Running Club tienen cabida también los vecinos del barrio, y el pasado Sant Joan hicisteis una fiesta a la que acudió un montón de gente, ¿entendéis pues el Brummell como un espacio abierto a la ciudad?
Queda mucho por hacer en este sentido, pero nos gustaría que la zona del patio y del bar fuera muy abierta a Barcelona, lo cual es un reto. El restaurante de momento solo ofrece servicio de cena. Hemos cogido un equipo culinario que conoce muy bien el barrio, son los chicos de Palo Cortao (Calle Nou de la Rambla, 146), restaurante de bastante éxito. Son del sur, de Córdoba, y les encanta comer, son divertidos, no son pretenciosos, son accesibles. No queremos ser un sitio pijo, queremos que la gente vuelva, que quiera venir, crear momentos por la tarde Aperol Spritz, o vermuts el fin de semana… De momento hemos empezado con el brunch y funciona muy bien pero es solo el comienzo.

¿Siempre has sido tan detallista y tan ambicioso? 
Más que detallista, descubrí que me gusta mucho ser servicial. Me gusta la decoración, servir una copa a la gente más que bebérmela. Cuando veo cosas que se pueden mejorar, tengo que hacerlo, soy muy inquieto. Ya con el proyecto de Urbarna comprendí que tenía que ser ambicioso. Yo no partía del diseño gráfico así que tuve que aprender de todo y me apunté a todos los cursillos posibles. Esta ambición supongo que me viene de mis padres. Ellos tienen una pastelería en Austria, y trabajan muchísimo desde hace 40 años haciendo pasteles cada día desde bien temprano. Sentía la presión de que tenía que hacer las cosas bien, trabajar tanto como ellos.
Estáis increíblemente posicionados en Tripadvisor, entre los 10 mejores hoteles de Barcelona. ¿Qué papel juegan las redes sociales y este tipo de plataformas hoy en día en la promoción?
La verdad es que tienen mucha importancia. Mucha gente me dice que viene a través de Tripadvisor, pero nosotros no empujamos a los clientes a comentar ni dejar una buena crítica. Es muy bonito estar entre los diez mejores hoteles de Barcelona, pero esto es muy variable, y si dejamos de estarlo tampoco es el fin del mundo. Muchas personas nos han preguntado qué hemos hecho para alcanzar esa posición, los hoteleros van locos con estas listas, pero realmente no lo sé, no hay ninguna fórmula secreta, simplemente sale de dentro. Las redes sociales también son muy importantes. Nos vienen clientes y contactos de prensa que han visto nuestra foto en Pinterest o en Instagram. Cuando alguien nos etiqueta es algo muy importante. Por ejemplo, tuvimos alojada a Pauline Egge, una escritora de viajes muy potente en Holanda y nos sacó en su blog porque le gustó el hotel. A raíz de esa publicación hemos tenido muchísimas reservas de holandeses que nos habían conocido gracias a ella. Son cosas que después se ven reflejadas en las reservas. 
¿Qué le deparará el futuro al proyecto Brummell?
Tengo la ilusión de ver Brummell en otros sitios, puede que en Lisboa, Madrid… Hacer un nuevo proyecto, donde imprimir nuestro estilo. Pero de momento no tengo nada concreto en mente, y aunque nos han llegado algunas propuestas, tengo claro que no quiero crecer por crecer.

Texto
Marina Llompart
Retrato
Marc Medina
Fotos
Teddy Iborra

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