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En la parte trasera de un Mustang, en la ducha, tirados por el suelo del comedor, al aire libre. El sexo es maravilloso y practicable en cualquier lugar. Y es algo natural, una forma de dar y obtener placer. Así es como Alicia Rihko lo plasma en sus ilustraciones, de un contenido de alto voltaje y una paleta cromática dominada por el rosa, al que asocia con el erotismo, la juventud y el enamoramiento. Sin embargo, no está aquí para romper tabúes o denunciar el puritanismo y la censura que todavía existen hoy en día, sino que crea de forma más terapéutica y para sí misma.
¿Quién es Alicia Rihko?
Soy una persona emocional, con una alta sensibilidad y con mucho carácter. Soy una persona que no soporta las injusticias, no tengo filtro y amo a los animales.
Crecí en Sevilla, estudié diseño de moda y a los doce años descubrí Photoshop y me pareció fascinante.
La predominancia del color rosa es un patrón que se repite en tu obra, y quizás es hasta el hilo conductor o característica más significativa de la misma. ¿Qué connotaciones tiene para ti?
Para mí el rosa significa erotismo, juventud, enamoramiento, felicidad. Sé que también está asociado a lo cursi o al color de las chicas, pero no es mi caso, no lo percibo así.

El rojo se suele relacionar más con la pasión y los impulsos, y tus obras hablan mucho de eso. Aunque el rosa predomina, también encontramos pinceladas de este color. ¿Te consideras una persona pasional e impulsiva?
Mucho más pasional que impulsiva pero sí, ambas.
¿Cuándo tuviste la necesidad de plasmar tus inquietudes sobre papel? ¿Cómo fue el proceso? ¿Te definirías como una ilustradora digital o sigues dibujando ‘a la antigua usanza’ de vez en cuando?
Pues hace un año que empecé con esta serie de ilustraciones rosas y lo que recuerdo es que estaba cansada de todo en general; estaba desmotivada, no trabajaba tampoco y aunque había cosas que me sí me hacían ilusión –como hacer ropa, por ejemplo–, me costaba bastante mantenerla. Creo que haciendo limpieza encontré unas cajas con bocetos antiguos de moda, muchas pinturas y trabajos digitales. Me acordé de los años que llevaba sin utilizar la tableta gráfica (al menos cuatro), así que compré un lápiz y empecé a desahogarme.
Elegí una paleta de colores (rosa neón, negro, blanco, amarillo y rojo), y después de muchos dibujos me choqué con este de la pareja teniendo sexo en la parte trasera de un Mustang. Y me devolvió la ilusión, me dio un propósito: el querer continuar dibujando en esta línea, y contar mis historias. No sé, volví a ilusionarme conmigo misma. Fue además terapéutico, porque cuando entendí qué estaba dibujando, me ayudó a cerrar historias, sanar heridas, y quererme más a mi misma. De vez en cuando hago algo utilizando acrílico o acuarelas pero prácticamente todo lo que hago es digitalizado.
El sexo espontáneo y lo erótico cobran mucha importancia en toda tu obra y, de hecho, puede que sea lo que la hace tan directa y especial. ¿Por qué decides tratarlo de esta manera? ¿Pretendes romper tabúes? ¿Es para ti el sexo algo más que una forma de expresión?
Desde mi punto de vista no hay sexo espontáneo. No sé en qué momento decidí dibujar en mayor parte cuerpos desnudos, pero imagino que al querer expresar la libertad máxima o al querer representar cierta vulnerabilidad. Y no, nunca he tenido en mente romper tabúes, veo el sexo como algo natural, una forma de dar y obtener placer.
Muchas de las escenas sexuales que representas suceden en coches o motos. ¿Tienes algún fetiche con estos medios de transporte? ¿Velocidad y sexo son compatibles en tu mundo de ficción? ¿Y en el real?
No, no tengo ningún fetiche. Y son compatibles en la ficción, pero no en la realidad.

No quisiera ser descarada pero, ya que estamos… ¿Cuál es el sitio más extraño, apasionante o arriesgado donde lo has hecho? ¿Y algún lugar donde todavía no pero que te gustaría?
El más apasionante fue en las afueras de un aeropuerto, pero básicamente por estar al aire libre y porque no había absolutamente nadie, sólo una oscuridad y un silencio inmensos –y el ruido de un avión que se iba. Fue sexy.
Muchas veces la vida y la obra de los autores, van ligados de la mano. ¿Es tu caso o solo algunos fragmentos coinciden con tu biografía?
Sólo algunos, sí.
Hay una de tus ilustraciones que me llama especialmente la atención: es aquella en la que el personaje ha de decidir entre presente o pasado. ¿Es una decisión que has tenido que tomar varias veces a lo largo de tu vida o es algo anecdótico?
Es una situación en la que me suelo ver a menudo, sí. Si le doy muchas vueltas a la cabeza, termino volviendo al pasado y se me escapa el ahora poco a poco. Y aunque viva el presente, de algún modo siempre hay algún momento que te lleva al pasado, es inevitable si tienes recuerdos que significan algo. Si te fijas la chica está en una autopista, sin coches, y lloviendo –para mí el uso de la lluvia es una representación artística del llanto–; está en una situación extrema.
Hemos visto que has hecho tu primera incursión en el mundo editorial con la ilustración de la cubierta del libro Vernon Subutex, de Virgine Despentes. ¿Cómo ha sido la experiencia?
 Fue una ilustración que ya estaba hecha. Fue de las primeras que hice. Pero que contactasen conmigo para algo así y viesen en ella algo que refleja el libro, ¡es alucinante! No sé en qué momento vieron mi perfil o a través de qué medio encontraron mi trabajo, pero estoy muy agradecida.

Sin abandonar el mundo editorial, ¿te planteas sacar alguna publicación propia? ¿Una fanzine, un libro recopilando tus ilustraciones, o similar?
Definitivamente es algo que tengo en la cabeza desde este verano, me gustaría tener más material para hacer algo así, pero sí que quiero. Más de la mitad de las ilustraciones tienen una historia detrás menos bonita de lo que parece estéticamente y sería interesante hablar de esto.
Al revisar tus redes sociales y página web, he notado que incluyes tu firma dentro de las ilustraciones de forma natural, pero mayormente en Instagram. ¿A qué se debe? ¿Lo has hecho siempre así y ahora no quieres cambiarlo?
Empecé sin firmarlas y me arrepentí a los pocos días. Empecé a firmarlas cuando cuentas con más de cuatrocientos mil seguidores empezaron a compartir mi trabajo. Vi que muchas personas lo compartían a raíz de estas cuentas pero no me daban crédito, así que empecé a añadir la firma –más grande de lo que me gustaría– para que se pueda leer y para que puedan encontrar quien lo hizo.
Joan Fontcuberta, en su libro La furia de las imágenes, nos advierte que, debido al cúmulo de imágenes que vemos al día, hemos perdido la soberanía sobre las mismas y debemos luchar por recuperarla. ¿Qué piensas sobre esto? ¿Crees que tiene algo que ver con que en internet todo es volátil y te preocupa que se apropien de tus obras? ¿Crees que cada vez hay menos consciencia social en cuanto a la perdida de autoría de las imágenes? ¿Ya no importa tanto quien ha hecho la obra sino el resultado?
Sí, tiene toda la razón. Creo que es bueno recordar siempre a tu audiencia, aunque parezca una tontería, que si va a compartir algún trabajo tuyo te mencione, te de crédito y comparta. Hay que tener en cuenta que no eres una máquina que genera contenido, eres una persona que ha estado trabajando en una idea y está compartiendo algo muy especial contigo.
He visto en Instagram que estás empezando a hacer animaciones con tus propias ilustraciones. ¿Crees que este formato tiene más gancho que las ilustraciones estáticas? ¿Cambia el proceso al plantear ilustraciones estáticas o en movimiento? ¿Estás pensando, quizás, en dirigirte cada vez más hacia la imagen animada?
El proceso cambia por completo. Creo que es una opción más atractiva para las empresas que quieran publicidad o crear contenido. Puedes contar más cosas y jugar mucho más y eso es interesante. Pero no considero que sea mi punto fuerte. Tenía curiosidad y lo hice, probablemente haré alguna que otra más pero no tengo pensado hacer animación.

Texto
Lorena Varela

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