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Entramos a media mañana en Coco Coffice, en la calle Manso 17 de Barcelona, y nada más entrar no nos cuesta entender porqué estaban tan encaprichados con este local. Alex Ruis y Carole Touati han conseguido crear un espacio totalmente acogedor donde dar rienda suelta a la creatividad, café en mano. En pleno barrio de Sant Antoni se esconde, como ellos lo llaman, este concepto “postmoderno de oficina”, que dará mucho que hablar. 
¿Cómo describiríais Coco Coffice?
Es el primer café de Barcelona pensado para los nómadas que quieren trabajar o estudiar en un espacio acogedor y estimulante, sin ataduras y con todas las comodidades, y también para todas las personas que buscan un lugar diferente para reunirse, tener una videoconferencia, buscar inspiración, concentrarse, leer un libro tranquilamente o ¡cambiar el mundo!
Axel, vienes del mundo de la empresa, organizando viajes deportivos, y Carole, tú vienes del mundo de la moda, con el conocido proyecto de Lelook. ¿En qué momento os surgió la necesidad de cambiar de rumbo y aventuraros a abrir un Coffice?
La idea surgió de forma natural. Llevaba un año trabajando desde casa y sentía la necesidad de buscar una solución alternativa al alquiler mensual de una oficina ya que suelo viajar a menudo. Descubrí los ‘coffices’ en un periódico francés que describía este nuevo concepto emergente en París. Estando en París, fuimos a ver qué tal, y allí y decidimos dar el paso. También era una forma de enfrentarse a un nuevo reto y al mismo tiempo seguir con nuestras actividades respectivas pero desde un espacio abierto al público.

El perfil de un coworker es heterogéneo pero en vuestro caso, al ser una plataforma tan diferente, ¿cómo definiríais el perfil de vuestros clientes? ¿Quién es ese trabajador nómada?
Justamente es la parte más interesante de esta nueva aventura: conocer a gente nueva, de todas partes del mundo, personas cuyos trabajos y proyectos son de lo más variado. El perfil de los ‘Cocos’ – como los llamamos cariñosamente – puede ser local o internacional, tecnológico o no, instalado en Barcelona o de paso, pueden ser freelancers o estudiantes que buscan un sitio para una hora o dos, o trabajadores independientes más sedentarios que se quedan con nosotros todo el mes o toda la semana. Y eso era exactamente lo que queríamos ofrecer, una flexibilidad total. La gente viene para trabajar pero también para relacionarse con otros emprendedores o nómadas y evolucionar en un ambiente informal y acogedor. Es sorprendente ver hasta qué punto los perfiles son eclécticos. Conocemos a programadores – uno de los perfiles más acostumbrados al trabajo remoto –, traductores, redactores, sociólogos, fotógrafos, coaches, y también pasteleros, actores, ¡no hay límite!
Ante la gran cantidad de oferta que hay en Barcelona de sin duda habéis encontrado el modelo adecuado para diferenciaros. 
Sí, para diferenciarnos de la oferta barcelonesa, aplicamos un modelo ya existente en otros países: los usuarios pueden quedarse una hora, dos, todo el día, una semana e incluso todo el mes y pueden disfrutar de la cocina para servirse su café, su té, fruta, galletas, snacks, como si estuvieran en casa. Eso sí, quisimos desde el inicio darle personalidad, que tuviera una identidad propia, a través de la decoración, la selección de muebles, la paleta de colores, el ambiente. Era importante que el espacio tuviera alma. La idea era que la gente se sintiera a gusto, que Coco se pareciera a una casita con su buffet francés de los 50, su sofá de inspiración nórdica, su luz, sus cuadros – ahora mismo son cuadros de la artista madrileña Inés Maestre –, sus plantas y sus revistas de moda, claro.
Habladnos del espacio. ¿Cómo se consigue el ambicioso proyecto de tener el ambiente de una cafetería, con el carácter acogedor y cómodo de una casa y la practicidad de una oficina?
Al ser un proyecto a la vez tan personal pero pensado para que los demás lo pudieran disfrutar tanto como nosotros, el proceso de construcción fue bastante claro y natural. Íbamos a dar lo mejor de nosotros para crear el ambiente en él que nos gustaría trabajar también y pasar gran parte de nuestro tiempo. El interiorismo es una de mis pasiones (Carole) y fue la ocasión perfecta para dedicarme a ello durante unos meses.

¿Qué es lo más enriquecedor, en vuestra opinión, de trabajar en red, de unir a muchos profesionales de ámbitos distintos en el mismo espacio?
Como siempre, lo más enriquecedor es la gente en sí. Aunque la mayoría seamos trabajadores independientes, que a veces prefieren trabajar en casa o solos sin relacionarse demasiado, llega un momento que te das cuenta que la estimulación humana – conocer a gente de horizontes tan diversos, descubrir nuevas ideas, maneras de ver la vida, de vivirla – te hace crecer y adoptar nuevas perspectivas vitales. Cada vez más gente elige trabajar sin ataduras, deciden que el trabajo se amolde a ellos y no a la inversa. Estamos viviendo una época de profundo cambio, muy interesante y estimulante.
¿Qué servicios extra ofrecéis como Coffice? ¿Qué proyectos amplían vuestro concepto?
Organizamos encuentros, charlas, workshops, meet-ups con el fin de estimular los intercambios entre personas de mundos diversos. Al ser un espacio pequeño y cosy, es más fácil conseguir que la gente comunique e interactúe. En los eventos enfocados a las start-ups por ejemplo, siempre incluimos iniciativas no-tecnológicas como han podido ser proyectos de carpintería, de pastelería, terrados verdes, etc. En nuestra agenda también hay talleres de ilustración de moda, pronto un encuentro de Wine & Collage para alejarse de las pantallas y volver a la época de los collages a partir de revistas de moda. El abanico es amplio y sólo estamos empezando…

¿Cómo se diferencia un simple arrendatario o dueño de un buen gestor de un espacio como este?
En nuestro caso, la clave es conseguir que la gente se sienta a gusto: los acogemos, les enseñamos la cocina, estamos a su disposición. Intentamos crear buen rollo, sin forzar. Aunque suene ambicioso, intentamos dar solución a lo que necesitan y a veces creamos fórmulas a medida para su estancia. Lo llevamos como un negocio familiar old school y creo que al tener un aforo de unas veinte personas, es más fácil que cuaje
¿Qué opinión os merece este cambio en la manera de trabajar? ¿Creéis que es una tendencia positiva?
¡Súper positiva! El hecho de poder trabajar sin estar atado a un lugar físico, poder cambiar de entorno según el momento del día o de la semana, del mes, es un privilegio y un lujo. Estamos íntimamente convencidos que no hay nada peor que la rutina para la creatividad. Reinventarse, ser curioso, perder el miedo a enfrentarse a situaciones cambiantes, saber que podremos tener tres o cuatro profesiones en nuestras vidas, es muy formador y enriquecedor. Valoramos muy positivamente el hecho que las empresas ofrezcan cada vez más la posibilidad de no tener oficina. Personalmente, desde que tengo edad de trabajar, es el modelo que he elegido aunque hoy en día haya decidido montar un negocio físico.
¿Qué ambiciones tenéis para seguir madurando el proyecto?
Sólo llevamos unos meses así que queda mucho por pensar, por madurar. Aún tenemos que trabajar en la difusión del proyecto – a través de las redes sociales, claro – pero también a través de los eventos y encuentros que organizamos. Periódicamente organizamos encuentros en petit comité, en los que la gente presenta su proyecto, start-up, creación, visión a otros. De momento los eventos son pruebas piloto, intentamos descubrir lo que está buscando la gente, qué temas y formatos encajan mejor con nuestra audiencia, probamos adelantarnos a sus deseos, ¡no es una tarea fácil!


Texto
Marina Llompart
Retrato
Marc Medina

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