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Verano, calor y ¡vacaciones! Si estás pensando en venir a Barcelona, Casa Camper siempre es una opción fantástica donde alojarte. Y ahora más. Coincidiendo con su décimo aniversario, el hotel proyectado por Fernando Amat y Jordi Tió, amplia el número de habitaciones. Y amplia también su terraza, desde donde puedes disfrutar de una espléndida vista de la ciudad. Pero no solo eso, Casa Camper cuenta ahora con el club Dos Billares. Un nuevo espacio que a diferencia del hotel está abierto al público.

Y es que Casa Camper no es un hotel al uso. Aquí todo está pensado para salvaguardar la intimidad del cliente. ¿Que los hoteles cada vez más buscan convertirse en un espacio abierto no solo para sus huéspedes sino para el público en general? En Casa Camper no vas a encontrar nada de eso. Para empezar porque la puerta del vestíbulo está siempre cerrada y solo se puede abrir con la llave de la habitación. Lo del Dos Billares ya es otra cosa, también puedes acceder a él por una puerta independiente que da directamente a la calle.

Funcional, atractivo y con un punto de humor, Casa Camper invita al descanso, a prescindir de las prisas y abrazar una vida más sana. En definitiva, recoge desde sus inicios el espíritu y los valores que siempre han definido a Camper. ¿El objetivo? En sus propias palabras: “Promover una manera más humana, respetuosa y sencilla de relacionarnos con nuestro entorno, que apuesta por un tipo de hotel donde se ofrece un lujo contemporáneo: el de la simplicidad”. Y lo hace con una sonrisa. “Baja caminando, es más sano”, reza un mensaje al lado del ascensor. Es la filosofía de la empresa mallorquina, que cree que el auténtico lujo hoy en día radica en las cosas más sencillas, y que muchos clientes comparten.

Si eres uno de ellos y te acercas hasta aquí, encontrarás que de las 25 habitaciones que había antes ahora hay 40 de las cuales 5 son suites. Y si subes a la terraza, hay que subir a la terraza, entonces es como si el tiempo quedara suspendido, como si todo se ralentizara; el bullicio del Raval engullido por una calma que, minutos antes paseando por los alrededores, nunca hubieses creído posible.

Y cuando hayas tenido suficiente siempre puedes bajar al restaurante Dos Palillos dirigido por Albert Raurich, jefe de cocina de El Bulli desde 1999 hasta 2007. O al recién estrenado Dos Billares donde, como su nombre indica, lucen dos magníficos billares americanos bajo una tenue iluminación que confiere al lugar un ambiente tan íntimo como, todo hay que decirlo, poco veraniego. Pero poco importa eso cuando la barra de cócteles está tan bien surtida. ¿O no?

TEXTO
ONA POVEDA

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